16 de agosto de 2013

Borrachera


Estoy, literalmente, borracho de champán.
Tendido en el suave bamboleo de mi chinchorro y arrullado por el persistente runruneo de las olas a mis pies contemplo cómo avanza la noche allá en el horizonte, donde se adivina el continente africano, siempre empezando a despertar, siempre lleno de misterio. 

A esta hora, en un rincón de su existencia pelean hasta la sangre el fanatismo y el ansia de ser libre de pueblos atrasados que otrora fueron luz del mundo. También aquí al lado, en nuestro suelo, toca echarse un pulso estéril a engolados directores de supuestas sociedades avanzadas; eternos gruñidos entredientes y alardes de posturas y palabras por acotar un puñado de savia que chupar y justificar su egolatría.

Fanatismo y política, igual da, borracheras de soberbia e ignorancia que abocan a estúpidas conductas; estulticia endémica que se empeña en arruinar, una y otra vez, el milagro asombroso de la vida.

La luna casi llena desparrama lágrimas de plata sobre mi pecho, y el sueño me vence enredando sus dedos amorosos en mis escépticos cabellos...