12 de julio de 2015

Pensamientos al amanecer




Se oye a lo lejos el sonar de un buque en medio de la niebla.
El mar, en calma, está cerca de mí pero no me pertenece.
Como tampoco la palmera que se yergue exhibiendo su penacho a la brisa de levante.
Sé que es mío el ordenador desde el que escribo.
Y el sillón en que me siento.
Y la mesa y la taza con restos de café, también son míos.
Igual me pertenecen los dedos que teclean, los brazos, el cuerpo relajado, los ojos que escrutan lo que escribo.
Pero... ¿quién soy yo, que tengo tantas cosas?
¿Dónde estoy que no me ubico?
¿Es que solo soy espíritu?; ¿sensaciones, ideas y pensamientos?
Seguramente los otros “yo” serán lo mismo, algo intangible escondidos en soportes biológicos a los que parasitamos.
Nidos imperfectos condenados a degenerar y desaparecer.
Quizás este escrito, como otras manifestaciones, no sea más que un grito de socorro para no ser arrastrado por ésta mi caduca parihuela.
Y, ¿quién, entonces, podría darme la mano, si no hay manos?
¿Y porqué tendría que hacerlo?
¿Y para qué?

...Mejor me levanto y me hago otro café.