19 de mayo de 2013

El tiempo

La fugacidad, la vivencia evanescente, la realidad cambiante, exigen la inmediata satisfacción del deseo, enemiga de mi necesario compás del tiempo.
Ese tiempo sin valor que es tirado a la basura del progreso junto a vivencias trasnochadas.
Ese espacio del pentagrama donde se detienen las corcheas y da sentido a la completa sinfonía.
Ese burbujeo de la olla en el anafe que acompaña la postergación del hambre.
Ese sueño de recién nacido que propicia el placentero descanso de la madre.
Esa exhibición natural del lento vuelo del águila poderosa.
Esa detención de ensueño de un lance de Morante.
Esa mirada infinita de unos ojos enamorados.
Esa pausa en la palabra que invita a la comunión intelectual.
Ese deambular sin rumbo para sentir el contacto de su mano.
Esa despedida del sol anaranjado que deja en la frente el beso de su brisa.


Vida: no sé el tiempo que me queda;
me perderé mucho que hacer si no apresuro,
pero ...¡déjame gastarlo en lo que quiera!