29 de septiembre de 2014

París


No sé porque mi alma anda hoy alborotada. Me apetece acompañarte esta mañana, en un paseo imaginario por esas calles mágicas del mágico París.
Seguro que arreglarías el horario de comidas. Primero tomaríamos el aperitivo cuando debe ser no a esa hora en la que todos almuerzan y, para evitar la dificultad de comer a nuestra hora, salvo en restaurantes para turistas con cocina de baja calidad y a precios elevadísimos, compraríamos alguna delicatese en ese restaurante inmejorable que conoces y comeríamos después en los jardines de Luxemburgo. Luego llegaríamos apresurados al baile latino que organiza el barrio de Èpinettes al aire libre —deberemos darnos prisa porque termina a las cinco—, para después disfrutar de las marionetas para adultos de Mouffetard, donde representan una obra de Söchbein: ” Si no yo te como”, toda una belleza plástica por la calidad del arte que aúna las marionetas, el teatro y la coreografía. Más tarde, pasearíamos de la cintura y te invitaría a unas cervezas en algún pub con música en vivo para que tu alma se emborrachase, perdiera escrúpulos, conciencias, lealtades y se volviera perversa y con ganas de hacer locuras.

El lunes, mi mente tendría todo brumoso por la borrachera y no sabría distinguir el sueño de la realidad. Y mi conciencia quedaría limpia.